Matthew.
La tarde en el club campestre de mi familia comenzaba a desvanecerse, y el cielo se pintaba de tonos cálidos de naranja y púrpura. Las risas de los invitados resonaban en el aire, mezclándose con el aroma de la comida que se cocinaba en la parrilla. Era un ambiente alegre, pero mi mente estaba centrada en una sola persona: Isabella.
Desde que comenzamos nuestra farsa, cada encuentro me dejaba más intrigado. Isabella tenía una forma de iluminar la habitación con su presencia. Esa tarde