Esa brasura

- ¿Por qué nunca contestas a mis preguntas?

- Siempre lo hago -dije con calma.

- No, no respondes. Por ejemplo, ¿quieres a Malica? ¿Quieres que me quede?

- ¿Para siempre?

- Señor Casanova, ¡buenos días! - saludó la joven morena, de ojos oscuros, con grandes gafas de montura de tigre que resaltaban sobre su ropa negra.

- Buenos días, Maíra.

- Han llegado los directores generale

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