Lorena seguía hablando mientras yo miraba en la dirección del hombre que bailaba como los dioses. Pero alcancé a escuchar su último comentario.
—No sabía que bailara tan bien… —interrumpí a Lorena.
—¿Tan bien? ¡Lorena, es perfecto en una pista de baile! —Mi expresión sonó demasiado efusiva.
—¡Ay amiga! He estado una sola vez en su cama, fue un día y ha sido el mejor de mi vida, fue una gran experiencia, te lleva al límite de tu resistencia. Su problema es que Jamás repite mujer.
Me acaricié los