Lo amaba, lo miraba y me contenía para no correr a sus brazos por Dios bendito. Adoraba a este hombre.
—Sí, el tarugo de mi hermano le pedirá matrimonio a su novia, no nos notificó para traer al menos un vestido diferente a esto. —reprimió las ganas de reírse, pero al final no pudo evitar hacerlo a carcajada, mientras yo me señalaba—. Se te agradece.
—No Verónica, créeme, eres la única mujer que se puede poner tantos colores juntos y siempre… te ves perfecta. —Me incrusté las uñas en las palm