Miré el reloj, pronto llegará Verónica a La Dorada, si supiera en el lodo en donde me encuentro y el problema era que no podía culpar a nadie más que a mí mismo por no tener paciencia, por juzgar antes y creer que todos son como yo. Aparqué en la iglesia a donde ahora asisto y costeo la remodelación.
El padre Gabriel como el Arcángel, según él me dijo y después de lo vivido no puedo pasar por alto las coincidencias. Era un señor en la mitad de sus cincuenta años, me inspiró la confianza del anc