La anciana se limpiaba las lágrimas después de contarle la historia con Roland, al hacerlo me di cuenta de que era un cuento de hadas, moderno, pero de hadas, al fin y al cabo. Me sentí increíble hablar con alguien desconocido, he hablado por más de cuatro horas, era lo que necesitaba. El de arriba me envió a esta señora para desahogarme, no he dejado de reírme con las expresiones de ella. Hablaba muy chistoso.
—Verdad niña, es una bella historia.
—Si y también triste.
—Depende de cómo lo vea