La voz temblorosa del monigote del hermano menor, me dio satisfacción verlos asustados.
—De manera que, ¿ahora si tienen miedo? —solté una carcajada—. Rata, este güevon se cagó en el pantalón.
—Patrón están cagados desde hace varios días.
—Lo siento no hemos sido nada cortés. —miré al jefe de seguridad y le sonreí—. Por favor debemos enmendar ese pequeño error.
La celda tenía un inodoro y un lavamanos, sin cama, así que han dormido en el piso. Pero al estar atados no lo usaban.
—¿Qué quieres de