Algo le pasaba, aunque no lo diga, sus silencios hablan mucho y las pocas veces que da para hablar dejo que lo haga hasta donde él se lo permite.
—¿Por qué, Cielo? —comentó.
—Porque antes me era más fácil, ahora me cuesta ser más… —Se quedó callado. ¡Qué frustrante era! ¿Por qué le costaba tanto abrirse a mí?— Hermosa, llego mañana y espero tener días normales. Y gracias por la palabra que en los últimos días me dices. —sonreí.
—¿No volverás a llamar?
—No, te espero en mi casa.
—Ahí estaré. T