—Nunca lo hizo, si nos besamos hasta nuestra boda civil, después de eso no lo volvió a hacer sino en eventos públicos, pero eran picos. Ahora lo comprendo todo.
—Es un gran amigo.
—Lo es.
—¿Tienes miedo? —El llanto de Amín se escuchó.
—Ustedes quédense hablando, yo voy a mirar a mi nieto. —Vaya manera de conocerlos.
—Sí, no he visto al Alfredo que todos me cuentan, tengo las actitudes que solía tener conmigo.
—Es mi hijo, pero es una cabeza dura. Así que usted levante la frente.
—Gracias.