Al despertarme la habitación está oscura, el agua había mermado, encendí la luz de la mesa de noche, miré la hora, eran las siete. Miré a mi mujer, todo lo importante en mi vida estaban acostados en la cama; Verónica en el otro extremo y yo en la punta, porque mis intrusos, princesa y colado estaban como dueños del lugar, desparramados con las expresiones más tranquilas de la vida.
Tengo reunión con los muchachos, salí de la cama, fui al baño, oriné, lavé manos, me cepillé los dientes, saqué un