Mundo ficciónIniciar sesiónMiré al oportunista con los ojos casi cerrados por la rabia, sentí el rostro rojo.
—Señor Fausto. Se lo había regalado de cumpleaños y me lo devolvió —al menos omitió el que le lancé las llaves en la cara—. Espero para su grado no obtenga la misma negativa, ya que aceptó ser mi novia.
Se le notaba las ganas de reírse mientras que yo botaba chispas y mi padre era el juez, estaba conociendo una







