Si yo estaba que me llevaba el diablo, Arnold acribillaba a Guadalupe, cada uno de nosotros se había acercado por su mujer.
—Roland ¿te has enojado?
—Cállate Verónica.
—¡¿Verónica está ahí?! —Esa fue Any a quien no le he contado lo que pasaba.
—¡No tienes por qué ser grosero! —tomé a mi mujer de la mano y la llevé hasta la mesa en donde hace un momento me encontraba y casi que la senté a la fuerza—. ¡¿Qué te pasa?!
—Tu puto papel de indigna, ¡te lo tragas!
Se quedó mirándome. La situación era p