El güerito se puso al frente de la mesa, se cruzó de brazos mirándome a la espera de mi respuesta. Por dentro gritaba de emoción, estaba a punto de explotar.
—Siempre tan lindo, ahora no puedes, pero a tu regreso podrás consentirme todo lo que quieras.
—Eso es un gran avance. ¿Si te envió un regalo con Simón, lo aceptarías?
—No acostumbro a devolver los regalos.
—Espéralo pronto. Ahora debo irme princesa, estaré pendiente de ti. Cuídate mucho.
—Tu igual. —cuando Lobo terminó la llamada Arnold m