Eso, la penetré más fuerte y luego me moví lentamente, la sensación de sus repetidas presiones en mi verga eran el premio mayor cuando alcanzamos la liberación los dos.
—Ahora si necesito dormir, Pelinegra. —Nos besábamos.
—Déjame y yo termino de bañarte. —Me dejé consentir por ella, salimos—. Estaba muy enojada contigo, pero el ver que pudo haber sido el último día. —La voz le tembló, le acaricié la mejilla.
—Luisa, mañana acompáñame a un lugar. —La llevaré al cuartel—. Ayúdame con el tema de