Verónica cayó de rodillas, hecha un mar de lágrimas y mi corazón se destrozó en mil pedazos, me acerqué a levantarla.
—Vida no llores, me parte el alma verte de esa manera, ven.
Ya había oscurecido, no podía caminar, temblaba, la cargué e ingresé a la cabaña, la dejé sentada en uno de los muebles, no decía nada, solo me miraba con rabia. Me senté en el otro mueble, esperé a que asimilara la situación.
» Verónica, por favor, Hermosa háblame.
—Eres un ¡maldito manipulador! ¡Un mentiroso de mierda