—Nuestro hijo, Diana. —sonrió un poco, aunque por sus puños apretados supe que estaba alterado por mi historia—. Y eres un minio. —Le di un golpe en el hombro.
—Amo las películas infantiles, y hay mujeres más bajitas —nuestras miradas se volvieron a encontrar—. No le digas a nadie esto, odio inspirar lástima.
—No inspirarías nada de eso.
En ese momento llegó un hombre que no me habían presentado y me convidó a bailar. No tuve que negarme.
—Díaz no te metas en problemas, la madre de mi hijo s