Estar en los brazos de mi amigo me reconfortaba. Como quería a este flaco.
—Ahora eres tú el ingrato. —No dejó de abrazarme.
—Júrame Vero que en tu vida vuelves a hacer esa estupidez de intentar matarte.
—Lo juro. —Me bajé de su costado, había quedado colgada cuál coala. Miré a mis escoltas —. ¿Nos quedamos aquí o vamos a algún lugar?
—Te invito a devorarnos una caja de helados. —afirmé—. Rata me llamó y me dijo que debes estar con dos guardaespaldas pegados como chicle y estoy de acuerdo con é