La doctora se hizo a un lado para que pudieran ver mi cuerpo.
Mi piel tenía un tono grisáceo, los labios violetas.
Las pupilas de Thomas se contraían de golpe; dijo sin pensar: —¿De verdad es Cynthia?—
La joven en la camilla estaba horriblemente delgada, prácticamente piel y huesos.
En su recuerdo yo era delgada, sí, pero sana.
La voz de Joseph sonó rasposa: —¿Causa de la muerte?—
—Cáncer de páncreas en estadio avanzado, más una grave reacción alérgica, falla orgánica —dijo el médico con frialda