Por Ramiro.
Agustín, mi socio, me miró como si yo estuviera loco.
Pero aunque se estaba comiendo los codos, lo conozco, no dijo ni una sola palabra.
-¿Cómo es eso posible?
Preguntó uno de los médicos más allegados a mí.
-Pronto se van a enterar.
Dije sin pretender hacerme el interesante.
-Señores, ya saben lo que deben hacer, no sé cuando voy a estar disponible, a raíz de problemas personales, no sé cuando pueda operar.
-Contá con nosotros, dijo otro de los médicos más veteranos.
-Gracias.
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