“La mente es una perra sisañosa”
Tom me había acompañado casi toda la noche, sus conversaciones ocurrentes y chistes tontos me sacaron más de una sonrisa; permitiéndome conocer un poco más de ese chico no tan tímido que él era.
Eran casi las 2:30 de la madrugada y los cocteles ya provocaban reacciones involuntarias en mi organismo, el calor era sofocante al punto de dejar mi ropa empapada y mis pies habían llegado a la pista de baile en varias ocasiones tirando del pelirrojo del brazo para que