PUNTO DE VISTA DE ELARA
—N... no puedo —sollocé, apartando la mirada.
—Mírame —gruñó, agarrando mi barbilla con la mano y obligando a mi rostro a volver hacia el suyo—. Eres mi hermana. Mi hermanita. Y él te hirió.
No hablaba del negocio. No hablaba de la empresa. Hablaba de nosotros. Se sentó en la cama a mi lado. El colchón se hundió. Estaba tan cerca que su muslo presionó contra el mío.
—Estás pegajosa, Elara —susurró, bajando la mirada hacia mi cuello, donde el semen de Hugh había goteado—.