La sorpresa en el rostro de Caleb era entendible, no pensó que su “Dulce pequeña” en realidad fuera un dulce que sabía tentarlo tanto, el auto seguía rodando, al parecer iban a un lugar alejado de la ciudad
—¿Dónde me llevas?
—Una reina no debe ir nada más que a su imperio y a ese lugar vamos, que creías que te llevaría a un sucio hotel, eres especial Dulce, eres la diosa de mi mundo
—Me encanta la respuesta, le escribiré a Marcela para que no se preocupe
Caleb movió las manos, tomando su dimin