El hombre la abofeteó para que dejara de forcejear. "Deja de llorar. ¡Te haré sufrir si no me das lo que quiero!”.
“Por favor, te lo ruego… Déjame ir. Yo... puedo darte dinero”. Naomi sollozó. Le temblaba la voz, se le heló la sangre y su rostro estaba tan pálido como una hoja de papel.
"¿Puedes darnos dinero?”. El hombre se lamió los labios. "¿Cuánto puedes darnos?”.
Naomi no dejaba de temblar y las lágrimas le rodaban por las mejillas. "¿Cuánto quieren?”.
El hombre se rio lascivamente y re