Juan se dio la vuelta para irse y, con una voz muy seria, dijo: —Te equivocas, son cien mil millones de dólares.
—¡¿Qué?!
Lucía se quedó atónita en ese momento, pensando que había oído mal. Cuando recuperó por completo la compostura para gritar, se dio cuenta de que Juan ya había desaparecido.
Se dejó caer al suelo, llorando desesperadamente.
Ricardo salió y trató de consolarla en ese instante: —Hija, ya lo he aceptado.
—Lucía, permíteme ser muy franco— Jorge, quien también había salido, dijo co