El ataque de Juan dejó a todos los presentes conteniendo la respiración por un instante, incapaces de emitir el menor sonido; el silencio se apoderó rápidamente de la escena.
Era bien sabido que, aunque Narciso no poseía el poder suficiente de un maestro del combate, su habilidad estaba por encima de la de la mayoría, y ni siquiera los miembros de la Orden del Dragón Celestial podían derrotarlo con facilidad. Sin embargo, Juan había acabado con él de un solo movimiento, con una simple señal de