Bajo la amenaza de muerte, Narciso no dudó en gritar con desesperación: —¡Orestes, escapa rápidamente!
Sin pensarlo dos veces, Orestes se giró con agilidad para huir. Aunque no le temía a Juan, las armas de la Orden del Dragón Celestial le inspiraban un respeto que no podía ignorar.
—¡¿Pretendes escapar?!
Con un grito poderoso, Juan se lanzó como una flecha hacia Orestes, dejando tras de sí una gran estela que marcaba su recorrido en el aire. —Hombres de Terranova de los Cielos, ya que decidiero