—¿De verdad? —Celeste se quedó asombrada.
Odón, al darse cuenta de que si no habían sido ellos quienes liberaron a Juan, el plan de la familia Abarca corría un gran peligro, se apresuró a intervenir: —¡Muchacho, no seas desagradecido! Si no fuera por nosotros, hablando con Lizardo, ¿cómo crees que habrías salido tan campante?
Había planteado la misma duda que rondaba la mente de Celeste.
Con un tono de voz seguro, Juan respondió: —Es muy simple. Mi influencia es mayor que la de Lizardo, por eso