Además, debido a la baja temperatura en el interior del cráter, Marta temblaba de frío.
Si no fuera por la fuerte determinación que mantenía viva en lo más profundo de su ser, tal vez ya habría abandonado esta idea.
Sintiendo el dolor extremo y la debilidad que invadían su cuerpo, Marta mordió con fuerza sus labios agrietados, intentando mantenerse consciente.
Al mismo tiempo, una ola de desesperación surgió en su mente: —¿De verdad no podré salvarlo?
De repente, entre el delirio, flashes de los