Juan levantó un poco la toalla rosa y se acercó al borde de la piscina para entregársela.
Al tomar la toalla, una chispa de astucia brilló en los ojos de Celeste.
En ese mismo instante, dejó escapar un pequeño suspiro y fingió resbalarse hacia atrás, simulando que se caía al agua. Al mismo tiempo, aplicó toda su fuerza en su mano, como si intentara en ese momento arrastrar a Juan con ella.
Pero Juan, con total decisión, soltó la toalla sin dudar ni por un instante.
Con un chapuzón, Celeste cayó