—¡Ahora, intenta recibir mi golpe!
Cuando Juan terminó de hablar, de repente, su aura cambió drásticamente.
En ese preciso momento, ya no era el joven discreto de antes; parecía más bien un imponente monarca que tenía el control absoluto sobre la vida y la muerte de todos los seres.
Bajo su imponente presencia, todo lo demás parecía ser insignificante; solo su figura majestuosa permanecía altiva bajo el firmamento estrellado.
Era como si él fuera el único soberano del vasto universo, dominando a