¿Un doble del precio?
¡Eso sería cuatrocientos mil dólares!
El dueño de la tienda apenas podía contener la emoción que lo invadía y afirmó: —De acuerdo, señor, entonces el azafrán es suyo.
—Espera.
Juan de repente interrumpió: —Ofrezco tres veces el precio.
¿Tres veces?
El corazón del dueño de la tienda dio un vuelco total.
Pascual no esperaba que Juan subiera la apuesta, y enfurecido, gritó: —¡Ofrezco cinco veces el precio!
Dicho esto, lanzó una mirada un poco ofensiva a Juan y agregó: —Joven,