Al escuchar esa voz inesperada, la sonrisa lasciva de Nicolás se congeló de repente.
Se dio la vuelta bruscamente y vio a un simple joven vestido de negro que había aparecido de repente en la habitación sin que él se diera cuenta.
El joven estaba sentado muy cómodo en la mesa, bebiendo una taza de café y mirándolo con una expresión de absoluto desprecio.
Ese joven era Juan.
—¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste? —Nicolás, muy asustado le preguntó.
Recordaba con claridad que su villa estaba protegida p