Las palabras del guardia fueron claras y resonaron fuerte en los oídos de todos.
La atmósfera se congeló al instante. Un silencio sepulcral invadió el lugar, pero...
David y los demás abrieron los ojos con gran asombro, sus expresiones faciales mostraban una total incredulidad.
¿Acaso habían escuchado mal?
¿Este coche de lujo valorado en más de diez millones de dólares era propiedad de Juan, ese miserable campesino?
¿Cómo era posible?
David fue el primero en reaccionar, tartamudeando: —Señor gua