—¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? —Juan miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Solo podía escuchar una voz que resonaba con gran fuerza en el aire, si su dueño se mostrara sería diferente.
Las heridas de su cuerpo estaban completamente curadas, como si el enfrentamiento anterior con los asesinos de la Comunidad de las Almas Ligadas hubiera sido solo un sueño.
—Ni siquiera sabes dónde estás y ya te han encerrado aquí. Qué patético eres. No esperaba menos de un inútil tan débil como tú, —continuó