Juan dio un paso al frente, con una mirada aguda, y preguntó:
—¿Qué más desea el señor?
El anciano levantó una ceja con cierta picardía, y mientras respondía, ya había extendido su mano hacia Juan, casi rozando su pecho.
—Creo que llevas algo interesante contigo, joven.
Si hubiera sido una mujer quien lo tocara de esa forma, Juan quizá habría sentido otra cosa. Pero siendo simplemente un anciano quien realizaba aquel gesto tan atrevido, la situación le resultaba incómoda y francamente extraña.
C