Rio quedamente y saco el agua de la jícara, luego hago que recorra todo su cuerpo, sanándolo enseguida.
—¿Mejor? —
Sin decir nada, se levanta y entra a la carpa, aun conmigo encima de él.
—¡Ares! — Exclamo divertida mientras mis manos se aferran a su espalda evitando caer.
Me deposita en el lecho con suavidad para después arrancar mi túnica y se pone encima de mí, besando y mordiendo mi cuello. Una de sus manos juega con uno de mis senos y la otra me levanta la pierna izquierda.
Sin hacerse esp