Capítulo 42

Rio quedamente y saco el agua de la jícara, luego hago que recorra todo su cuerpo, sanándolo enseguida.

—¿Mejor? —

Sin decir nada, se levanta y entra a la carpa, aun conmigo encima de él.

—¡Ares! — Exclamo divertida mientras mis manos se aferran a su espalda evitando caer.

Me deposita en el lecho con suavidad para después arrancar mi túnica y se pone encima de mí, besando y mordiendo mi cuello. Una de sus manos juega con uno de mis senos y la otra me levanta la pierna izquierda.

Sin hacerse esp
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