—Hades… eres mi perdición, pero al mismo tiempo mi salvación…—
Un suspiro de tristeza se me escapa, pongo mis manos sobre mi rostro y trato de tranquilizarme.
—Vamos Minte… ya han pasado siete años desde que te dejo, ya debiste de haberlo superado… ya… debiste olvidarlo—
Froto con fuerza mi cara y aprieto con fuerza los puños.
Sé que estos futuros encuentros no llegaran a nada, se nota que el ADORA a Perséfone y que… se ha olvidado de mí al punto de que no quiere hablar de mi existencia, pero…