La ciudad de Manhattan tuvo un momento de tranquilidad. En cada noticiero y canal informativo se habló de que los ataques habían cesado, pues durante cinco días no hubo ni siquiera un asesinato, puesto que todos parecían estar reparando y pasando duelo.
Había una paz que se podía catalogar como tal, salvo porque incluso la familia Crown comprendieron que no era más que la ausencia de Mauro Lance. Pues ellos jamás desatarían el caos en su propia ciudad.
Hacerlo tornaría las miradas sobre ellos