__ ¿Qué demonios te ocurre? ¡Suéltame! - las uñas de Keyla se enterraron en la mano del hombre que tenía la sangre hirviendo de celos, no podía pensar en ninguna otra opción que no fuera que su esposa le había visto la cara.
__ ¿Te estás acostando con Mauro? - preguntó furioso. Keyla se quedó inmóvil ante la pregunta un segundo antes de arrugar la cara ante la suposición tan absurda.
Pero no había tiempo de pensar en la respuesta, al menos no en ese segundo.
Una de sus rodillas se impactó en