Damián Webster.
Nos miraba horrorizada, sus ojos iban de mi rostro al de nuestra hija con el pasmo más grande que estaba seguro que nunca antes había experimentado. Quise reír, pero sólo me quedé allí con una sonrisa mirando su rostro mojado por lágrimas hasta que segundos después se desmayo por la impresión.
Antes de que caiga al piso vuelvo a sujetar su cintura y la pego a mi cuerpo. Miro a Hansel que con la mano en la parte de atrás de su cabeza empieza a reírse con burla.
—¿Mami? — llama mi