Marzo, 26
La luz del sol que entraba por los ventanales y daba exactamente en mi cara me despertó, suelto un bostezo giro mi cabeza a un lado encontrándome con el rostro de Mía aún dormido. Sus piernas descansaban sobre mi abdomen y uno de sus brazos reposaba descuidadamente en el rostro de Tristán, que ni idea de cuando se pasó a la cama.
Mía dormía igual de mal que su padre, se pasaba toda la noche moviéndose de un lado a otro, subiendo y bajando de encima de mí, pegandose como figuritas de c