— No está, Lisa, no está aquí en el pasillo — Dijo preocupada
— Te das cuenta, por qué te digo que nada bueno está pasando — contesté nerviosa
— Quédate aquí, por el amor a Dios, no te muevas, iré a buscarlo, regresaré rápido — Advirtió mientras cerraba la puerta sin esperar que yo afirmara que me quedaría esperando, pero lo hice, por ser un poco consciente del peligro, y porque físicamente estaba agotada también.
El reloj marcó veintiséis minutos después de la salida de Clara Lucía, me sen