— Lisa, Lisa — repitió mi nombre una y otra vez, pero ya no sabía si el dolor del alma era igual o peor al físico
— Aquí estoy, solo intento no pensar, y creer fielmente que mi hijo nacerá en el tiempo asignado, que nada malo va a pasar — referí para no preocupar más a Clara
— Estás demasiado pálida, en verdad crees aguantar, o llamo a alguien que nos ayude — dijo ella preocupada
— No, no llames a nadie, sé que aún puedo aguantar, sé que no nacerá ahora, sé que no va a morir, algo dentro de mi