Llegué al aeropuerto con el más inmenso de los miedos, temerosa de la mirada de la gente. Después de esperar en la inmensa fila, la joven detrás de la ventanilla me anunció amablemente lo inminente:
— Toda su papelería está en orden, Señora Lisa, su vuelo saldrá en un momento
Me sentí más débil que nunca, mi estómago revuelto desde ya por las náuseas, los nervios alterados por imaginar lo que podía suceder ahí dentro y mi falta de conocimiento sobre el embarazo me obligó a preguntar con mucha