—Per la bella signorina. —Un hombre de ojos negros enormes y una amplia sonrisa, tendió una hermosa rosa roja ofreciéndosela a Engla quien amablemente se la aceptó agradeciendo con una hermosa sonrisa.
—Toma tu rosa. —Einar se la quitó de las manos a Engla y se la devolvió al hombre. —No le regales flores a la mujer de un hombre y menos cuando va con él. —Le gruñó con las venas del cuello hinchadas por la rabia de que un estúpid0 le esté dando rosas a su mujer.
—Oh, tranquilo caballero, es solo