Cuando Christopher King y yo estábamos iluminados por la gracia divina de la luz de la luna llena, el tiempo se detuvo y no existía nada alrededor de nosotros. Se trataba de uno de esos momentos en los que quisieras existir eternamente. Pero, la luz dorada pronto se desvaneció y los vientos de la temporada invernal comenzaron a llamar nuestra atención, rozando nuestros brazos desprotegidos.
—La vista, es muy hermosa, si estás aquí… Pero, creo que mejor entramos, o vamos a resfriarnos… —sugerí,