―¿Él no tenía que comer con su novia?
―Ya no.
―Ok…
Al ver sus ojos fríos como el hielo, que ni siquiera volteaban a mirarme, entendí que era mejor callar y dejarlo con sus pensamientos, pero estaba realmente preocupada por él. Temí que la razón de su nueva actitud fuera por mi culpa y cómo le pedí que ya no me tratara como una novia falsa para salirse de sus problemas personales. Pero no era buen momento para hablar con Ricardo, el ambiente hasta me erizaba los vellos. Por el momento él necesi