Me quedé mirando a los dulces y tiernos ojos de Christopher , y sentí un alivió y agradecimiento al escuchar sus palabras. Pagué su dulzura sonriendo para él. Él me sonrío también, sabiendo que ya nos estábamos entendiendo. Luego, Christopher King quiso cambiar de tema.
—Quizás deberíamos tratar de buscar a tu madre y decirle que estás aquí… —sugirió, sin entender que no tenía sentido.
—¡Imposible! Si yo misma no tengo idea de quién es, lo único que tengo es una fotografía muy vieja de el