Christopher trajo un plato con fruta bañada en yogurt y Ricardo una jarra con agua y un vaso. Cuando Ricardo me servía el agua, Christopher se acercó a darme la fruta en la boca. No pude resistirme y acepté el bocado. Me daba mucha vergüenza, y sentí mis mejillas hirviendo. Él me miró satisfecho y se dispuso a escucharme mientras me hacía comer y beber, con el objetivo de llegar al punto que buscaban.
—Así que… Has sufrido mucho últimamente… ¡Ya me imagino! —exclamó Christopher King, dándome