—Te lo ruego, perdóname, no me atreveré nunca más… —Eva lloraba, acurrucada en el suelo con desesperación.
Julián la miraba desde arriba, con los ojos llenos de frialdad y desprecio.
—Eva, tú mataste a Nuria, ¿y todavía quieres que te perdone? ¡Ni siquiera lo sueñes!
El frío de su mirada hizo temblar a Eva; nunca había visto a Julián de esa manera. El miedo le caló hondo, y arrastrándose, se abrazó a sus piernas llorando:
—Mi amor, Julián, sé que me equivoqué, perdóname, no me atreveré nunca más